CUENTO BREVE DE MIGUEL MIHURA



     
    “¡Qué existencia la nuestra!
      El hombre nos metió en una jaula y nos tenía allí siempre como si fuésemos esos gorriones que no se pueden dejar solos en casa porque todo lo destrozan.
     Y además se empeñó en domesticarnos.
     Quería a todo trance que nos subiésemos en un tonel y que luego diésemos un saltito y pasásemos por un aro. Y si nos negábamos, nos tiraba pellizcos en la barriga y nos llamaba tontos.
      Era tan malo, además, que nos metía su cabeza dentro de nuestra boca, y la tenía allí un ratito.     
      Nosotros pasábamos un miedo terrible, porque temíamos que nos diese un bocado y nos hiciese daño. 
      Aquel hombre era tan bruto, cuando aparecía con nosotros en el circo, todo  el público se aterrorizaba, y no comprendía cómo nos atrevíamos a meternos con él dentro de una jaula cerrada.
     Nos trataba tan mal, que mató a disgustos a tres de mis hermanos; y ya, además, de tirarnos pellizcos, un día llegó a insultar a mi madre.
    -¡Eso no lo consiento!- le dije.
      Y aprovechando que no había nadie que pudiese verme, me fui del lado de aquel hombre tan grosero.
      Anduve mucho. Mucho. Pero no pude llegar a la selva, como era mi intención.
      Otros hombres me cogieron y me trajeron a un jardín, donde hay muchos animales de distintas especies.
      Aquí, aunque también metido dentro de una jaula, lo paso más entretenido.
      Todos los días, para que me distraiga, hacen pasar ante mí a muchos hombres y a muchas mujeres, muy graciosos, con cara de idiotas.
      Yo me río mucho al verlos, y el día que estoy de humor les echo cacahuetes”.
Miguel Mihura, El León


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