lunes, 26 de octubre de 2015

COMENTARIO DE TEXTO DE 1º BACHILLERATO




  Palabras con alas


   A ella le gustaba inventar palabras y desmontar las que oía por primera vez, hacer combinaciones con las piezas resultantes, separar y poner juntas las que se repetían. Las palabras un poco largas eran como vestidos con corpiño, chaleco y falda, y se le podía poner el chaleco de una a la falda de otra con el mismo corpiño, o al revés, que fuera la falda lo que cambiase. Alternando la “f” y la “g”, por ejemplo, salían diferentes modalidades de paz, de muerte, de santidad y de testimonio: pacificar y apaciguar, mortificar y amortiguar, santificar y santiguar, testificar y atestiguar; era un juego bastante divertido para hacerlo con diccionario. Algunos corpiños como “filo” que quería decir amistad y “logos”, que quería decir palabra, abrigaban mucho y permitían variaciones muy interesantes. Ella un día los puso juntos y resultó un personaje francamente seductor: el filólogo o amigo de las palabras. Lo dibujó en un cuaderno tal como se lo imaginaba, con gafas color malva, un sombrero puntiagudo y en la mano un cazamariposas grande por donde entraban frases en espiral a las que pintó alas. Luego vino a saber que la palabra ‘filólogo’ ya existía, que no la había inventado ella.
-Pero da igual, lo que ha hecho usted es entenderla y aplicársela -le dijo don Pedro Larroque, el profesor de Literatura-. No deje nunca el cazamariposas. Es uno de los entretenimientos más sanos: atrapar palabras y jugar con ellas.
O sea, que le daba alas. Y ella les daba alas a las palabras, porque era su amiga, y porque ser amigo de alguien es desearle que vuele.

     

   Al profesor de Matemáticas, en cambio, no le divertían nada estos juegos de palabras, le parecían una desatención a los problemas serios, una manipulación peligrosa del dos y dos son cuatro, una pérdida de tiempo. Cuando un buen día, sin más preámbulo, empezó a hablar de logaritmos, hubo en clase una interrupción inesperada y un tanto escandalosa. La niña del cazamariposas se había puesto de pie para preguntar si aquello, que oía por primera vez, podía significar una mezcla de palabra y ritmo. Las demás alumnas se quedaron con la boca abierta y el profesor se enfadó.

– No hace al caso, señorita Montalvo. Está usted siempre en las nubes -dijo con gesto severo-. Le traería más cuenta atender.

   La niña rubia, que ya estaba empezando a pactar con la realidad y a enterarse de que las cosas que traen cuenta para unos no la traen para otros, se sentó sin decir nada más y apuntó en su cuaderno: “Logaritmo: palabra sin ritmo y sin alas. No trae cuenta.”


Carmen Martín Gaite, Nubosidad variable.


1)    Resuma el texto propuesto (cinco o seis líneas y no copies directamente). 

2)    Defina: comunicación no verbal, función metalingüística, código, lengua, lenguaje y semántica.

3)    Señala los elementos de la comunicación en el momento en el que el profesor de Matemáticas llama la atención a la alumna.

4)    Indica cuáles son las funciones del lenguaje en la historia leída.

5)    Clasifica las siguientes palabras en derivadas, compuestas y parasintéticas: cazamariposas, filólogo, atestiguar, sombrero, puntiagudo, realidad, desmontar.

6)  Segmenta estas palabras en morfemas. Posteriormente di en cada caso si se trata de morfemas derivativos o flexivos y de qué tipo son:  S imaginaba, modalidades, significar, inesperada, señorita, estaba.

7)    Analiza morfológicamente la siguiente oración: Y ella les deba alas a las palabras, porque era su amiga.

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