martes, 7 de febrero de 2017

ENCUENTRO CON ESCRITORES: ESPIDO FREIRE

   
    La actividad, enmarcada en REBEX, y en el proyecto lector del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes: "¿Por qué leer a los clásicos?", tenia este año el cometido de dar a conocer a algunas artistas de la Generación del 27 conocidas como "Las sinsombrero", mujeres condenadas a la invisibilidad, por vivir en un mundo dominado por hombres. 

   Espido Freire, novelista seleccionada por nosotros para tal fin, como voz enérgica y clara, ha elegido a la pintora surrealista Maruja Mallo, con el propósito de destacar su personalidad e impronta en artistas como Andy Warhol. Pero; realmente, como afirmó la propia escritora, la pionera vanguardista  sería el vínculo para inculcar en el  alumnado  toda una serie de valores  y consejos extraídos de  su propia  experiencia: la constancia, la necesidad  de ser uno mismo, el compromiso con el estudio y  la sociedad, la fortaleza ante la adversidad  y  la conveniencia de  cultivar correctamente  la palabra para expresar nuestro pensamiento y hacernos libres. La lectura; por tanto, se erige  en el  elemento vertebrador, a partir del cual podemos conformar nuestra personalidad y ampliar nuestra visión del mundo.

      Conscientes de la importancia de desarrollar el hábito lector entre los estudiantes, nuestro centro participa, desde hace varios años, en importantes proyectos lectores, tales como: REBEX y  eBiblio Extremadura, además de  con la Biblioteca  Municipal” Gómez Sara” de la localidad, que realiza una excelente labor en este terreno. El compromiso con la educación  ha  sido el motivo  por el  que hemos sido seleccionados por el Ministerio, de entre muchísimos centros, en la concesión de sus dos proyectos de fomento de la lectura: “¿Por qué leer a los clásicos?” y “Encuentros Literarios”; una  gran oportunidad  para participar en  interesantísimas experiencias con literatos, ilustradores y compositores de la talla de Violeta Monreal, Beatriz Osés, Manuel López Gallego,  José Manuel Díez, Ana Alcolea  y Espido Freire.  



      En el caso de esta última figura literaria, caracterizada por su extraordinaria capacidad  comunicadora,  empatía  y sensibilidad, y partiendo de su libro: Soria Moria, XXXIX  Premio de Novela Ateneo de Sevilla, en 2007, hemos podido materializar los objetivos perseguidos con la actividad: incentivar el gusto por la lectura como fuente de sabiduría y placer a través de su obra literaria;  reconocer y dignificar la labor artística desarrollada por Maruja Mallo; reivindicar la igualdad de oportunidades para la mujer en la sociedad actual  y remarcar el papel que posee la educación  como motor de transformación  de  la sociedad en un mundo libre de prejuicios. En marzo de 2017 ha recibido el premio "Azorín". 
               Montserrat Álvarez Benavente, coordinadora de la actividad.
  Es una escritora vasca que comenzó a escribir con 15 o 16 años, pero no se puso en serio hasta los 18 años. 
  En su infancia era una chica bastante lista y trabajadora. Por este hecho, muchas veces o sufría acoso por parte de sus compañeros. Su sueño desde pequeña era ser escritora, y con esfuerzo hasta el día de hoy, lo ha conseguido. Su referencia a seguir es la escritora Maruja Mallo. Tuvo una infancia difícil ya que vivió en una época en la que el País Vasco sufría muchos ataques por los de ETA. 
 Ahora ya ha escrito bastantes libros y se dedica a ir de instituto a instituto hablando sobre su vida y todo lo que le ha ocurrido hasta llegar a ser escritora.  

   Jorge Ramos Álvarez, estudiante de primero de bachillerato.    


  Autora nacida en Bilbao, dedicó sus primeros años de adolescencia a la vocación de la música, también estudió Derecho y debido a una depresión tuvo principios de bulimia. Pero lo que de verdad le apasionaba y por lo que nosotros recibimos su fantástica visita fue su labor y trabajo en la literatura. 
  Ella nos cuenta sobre cómo lo pasó en su adolescencia, es decir, nos habla de que para ella fueron unos años bastantes duros en los que no conseguía encajar en la sociedad. No es fácil ser una artista ni a nivel literario ni cantando de maravilla, sino que a veces poseer tanto talento te hace provocar más envidia a la gente de tu alrededor que convive contigo día a día, por ello pienso que las personas como Espido con un don especial también pagarán un precio alto y no solo obtienen ventajas en su vida. Me impresionó la forma tan culta y a la vez tan dulce como nos habló y nos mostró a su vez un pedacito de su vida íntima, Creo que es una mujer luchadora y que conocerla a nivel personal sería una gran ventaja. Fue una charla tranquila y bastante distinta a otros autores, fue simplemente más especial. 
 Para terminar opino que no le hicimos ninguna pregunta, porque todos nos quedamos bastante impactado por su dulzura y simpatía.

    Violeta Fernández Moreno, estudiante de primero de bachillerato.                                                  

sábado, 4 de febrero de 2017

COMENTARIOS DE TEXTO: UN ARTÍCULO DE ARTURO PÉREZ-REVERTE


Esas jóvenes hijas de puta

Supongo que a muchos se les habrá olvidado ya, si es que se enteraron. Por eso voy a hacer de aguafiestas, y recordarlo. Entre otras cosas, y más a menudo que muchas, el ser humano es cruel y es cobarde. Pero, por razones de conveniencia, tiene memoria flaca y sólo se acuerda de su propia crueldad y su cobardía cuando le interesa. Quizá debido a eso, la palabra remordimiento es de las menos complacientes que el hombre conoce, cuando la conoce. De las menos compatibles con su egoísmo y su bajeza moral. Por eso es la que menos consulta en el diccionario. La que menos utiliza. La que menos pronuncia.
Hace dos años, Carla Díaz Magnien, una adolescente desesperada, acosada de manera infame por dos compañeras de clase, se suicidó tirándose por un acantilado en Gijón. Y hace ahora unas semanas, un juez condenó a las dos acosadoras a la estúpida pena -no por estupidez del juez, que ahí no me meto, sino de las leyes vigentes en este disparatado país- de cuatro meses de trabajos socioeducativos. Ésas son todas las plumas que ambas pájaras dejan en este episodio. Detrás, una chica muerta, una familia destrozada, una madre enloquecida por el dolor y la injusticia, y unos vecinos, colegio y sociedad que, como de costumbre, tras las condolencias de oficio, dejan atrás el asunto y siguen tranquilos su vida.
Pero hagan el favor. Vuelvan ustedes atrás y piensen. Imaginen. Una chiquilla de catorce años, antipática para algunas compañeras, a la que insultaban a diario utilizando su estrabismo -«Carla, topacio, un ojo para acá y otro para el espacio»-, a la que alguna vez obligaron a refugiarse en los baños para escapar de agresiones, a la que llamaban bollera, a la que amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta, a la espera de madurar en esplendorosos adultos, desarrollan ya desde bien jovencitos. Desde niños. Que se lo pregunten, si no, a los miles de homosexuales que todavía, pese al buen rollo que todos tenemos ahora, o decimos tener, aún sufren desprecio y acoso en el colegio. O a los gorditos, a los torpes, a los tímidos, a los cuatro ojos que no tienen los medios o la entereza de hacerse respetar a hostia limpia. Y a eso, claro, a la crueldad de las que oficiaron de verdugos, añadamos la actitud miserable del resto: la cobardía, el lavarse las manos. La indiferencia de los compañeros de clase, testigos del acoso pero dejando -anuncio de los muy miserables ciudadanos que serán en el futuro- que las cosas siguieran su curso. El silencio de los borregos, o las borregas, que nunca consideran la tragedia asunto suyo, a menos que les toque a ellos. Y el colegio, claro. Esos dignos profesores, resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos, cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes. Los que vieron lo que ocurría y miraron a otro lado, argumentando lo de siempre: «Son cosas de crías». Líos de niñas. Y mientras, Carla, pidiendo a su hermana mayor que la acompañara a la puerta del colegio. La pobre. Para protegerla.
Faltaba, claro, el Gólgota de las redes sociales. El territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune. Allí, la crucifixión de Carla fue completa. Insultos, calumnias, coro de divertidos tuiteros que, como tiburones, acudieron al olor de la sangre. Más bromas, más mofas. Más ojos bizcos, más bollera. Y los que sabían, y los que no saben, que son la mayor parte, pero se lo pasan de cine con la masacre, riendo a costa del asunto. La habitual risa de las ratas. Hasta que, incapaz de soportarlo, con el mundo encima, tal como puede caerte cuando tienes catorce años, Carla no pudo más, caminó hasta el borde de un acantilado y se arrojó por él.
Ignoro cómo fue la reacción posterior en su colegio. Imagino, como siempre, a las compis de clase abrazadas entre lágrimas como en las series de televisión, cosa que les encanta, haciéndose fotos con los móviles mientras pondrían mensajitos en plan Carla no te olvidamos, y muñequitos de peluche, y velas encendidas y flores, y todas esas gilipolleces con las que despedimos, barato, a los infelices a quienes suelen despachar nuestra cobardía, envidia, incompetencia, crueldad, desidia o estupidez. Pero, en fin. Ya que hay sentencia de por medio, espero que, con ella en la mano, la madre de Carla le saque ahora, por vía judicial, los tuétanos a ese colegio miserable que fue cómplice pasivo de la canallada cometida con su hija. Porque al final, ni escozores ni arrepentimientos ni gaitas en vinagre. En este mundo de mierda, lo único que de verdad duele, de verdad castiga, de verdad remuerde, es que te saquen la pasta.    

Arturo Pérez -Reverte, XL Semanal, enero de 2015. 

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FICHA DE LECTURA VOLUNTARIA    En principio, vamos a aclarar algunas lecturas de tipo obligatorio. Con respecto al primer trimestre ...