domingo, 4 de mayo de 2014

REDACCIONES DEL ALUMNADO I


Tras el cristal (editorial SM, 2012) es una obra de Ricardo Gómez en la que podemos encontrar temas tan universales como el  nacimiento y la muerte; la juventud y la vejez; el enamoramiento y el desengaño; lo cotidiano y lo extraordinario. Nadie puede sentirse ajeno a estos temas…

   Con estos relatos (once en total), el autor nos habla de las grandezas y miserias del ser humano, y de cómo la vida va y viene ante los ojos de aquel que mira tras el cristal. 

Ricardo Gómez
 En uno de los relatos, el primero y que da nombre al libro, escoge como punto de partida a un personaje singular, un observador de la vida, un contemplador del mundo que nos rodea. El dependiente de una tienda que, sin duda, pasaría completamente desapercibido, adquiere el protagonismo porque es él quien se ha fijado en otros personajes que van y vienen, que pasan por delante del cristal de su tienda, con sus miedos, sus limitaciones, sus esperanzas y sus secretas ilusiones. Es este dependiente quien presenta, de manera velada, a los personajes que, en los siguientes cuentos, cobrarán protagonismo. 
 
  Pues el ejercicio propuesto para mis alumnos de 2º de la ESO consiste en imaginarse la vida de los demás, contemplada ésta desde cualquier punto de vista, personaje, lugar o espacio. 
   

“Tras un cristal podemos observar distintas cosas, desde la ventanilla de un coche, desde el balcón de casa, desde la ventana de una cafetería y podemos deducir los pensamientos de la gente.
 Todos observamos a los demás y no pensamos si toda la gente es feliz o carecen de algo, pasan por las calles, miran los cristales de las tiendas y no todos pueden entrar y comprar. Pero, sin duda, los que son felices, son los niños, tras pararse a ver una tienda de juguetes o dulces y mirar tras el cristal. Ellos entran y convencen a sus padres de que les compren algo. Durante el camino a casa ellos disfrutan con sus juguetes y golosinas y sus padres con la felicidad de ellos”.

                                                                             Coronada Sánchez López, 2°B.

 “El otro día me fijé detenidamente en una persona algo mayor que iba caminando por el parque. Estaba solo, no iba con nadie y pensé que no tendría familia. Su imagen era muy elegante, vestía con una hermosa chaqueta y una camisa muy fina. Caminaba muy despacio, parecía que iba pensando en algo importante e imaginé que era por algún problema del trabajo, ya que un hombre así tenía que tener una ocupación importante, y también que tenía que estar todo el día viajando , ya que su aspecto era cansado y desorientado. A raíz de ahí, me imaginé que tenía que llevar una vida muy ajetreada y que seguramente estuviera algo cansado de su trabajo. 
   
                                                                             María José Castro Lemus, 2°B.

  “Desde la puerta de mi abuela observo con atención a un vecino. Es un tipo un poco destartalado, que parece no tomarse la vida en serio. Mi tía siempre dice de él que se quedó en la época de Espinete. 
 Lo imagino solo en su casa bailando, y pienso si realmente es tan desastroso como parece o quiere dar esa imagen.
 Me pregunto algunas veces: ¿comerá, se aseará, cuidará bien de su perro? Supongo que no , si no cuida ni de él mismo.
 Cuesta bastante trabajo imaginar la vida y ponerse en el lugar de una persona tan estropeada”.

                                                                               Elena Cruz García, 2º B.



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