¿PARA QUÉ SIRVE LA SINTAXIS?


    ¿PARA qué sirven las abuelas? ¿Para qué sirve nuestra sombra? ¿Para qué sirve el ácido hialurónico? ¿Para qué sirve el café? ¿Para qué sirve la alabanza a Dios? ¿Y el vidrio reciclado? ¿Y un catedrático emérito de Estratigrafía, o hablar en ruso allá en Lubango, la capital de la provincia angoleña de Huíla? ¿Y para qué sirve el Senado ahora? ¿Y los logaritmos neperianos? ¿Para qué sirve poner normas de seguridad en un laboratorio de productos químicos? ¿Para qué votar en las europeas?

   La Antropología se pregunta por qué vivimos bastantes más años de los que necesitaría la capacidad reproductora de nuestra especie. No todos los cachorros conocen a sus abuelos. Los seres humanos -y sus genomas- disfrutan de la generación que dio vida a sus progenitores. Afortunadamente. Los padres quieren abuelos y abuelas jóvenes que cuiden y quieran de cerca y despacio a sus nietos. Sirven. Siempre. Ayudan.
   ¿Pero para qué sirve la Sintaxis? «Para lo mismo que puede servir un crucigrama o un sudoku. Fundamentalmente para pensar. Analizar el idioma es hacer gimnasia mental para utilizarlo mejor, para escribir mejor, para expresar mejor, para comprender mejor. O sea, para mejorar». Respuesta de Álex Grijelmo, un periodista modélico, apasionado del idioma. También se piensa sentado ante un tablero de ajedrez. Y ante las películas de ocho apellidos como los de Allen, Kieslowski, Eastwood, Kubric, Lumet, Terrence Malick, Tarkovski o Erice o los ocho que quiera poner usted. También deja pensativo la poesía que traspasa las paredes del corazón. Y todas las esquelas. A algunos les remueven las entrañas las cotizaciones de Bolsa y su Íbex. A otros, los titulares de Deportes. A mí, mirar lejano el oleaje (desde que no fumo). La sintaxis ayuda a pensar. Entre otras razones, porque se ocupa del orden de las palabras. Un ejemplo: cualquier hispanohablante puede entender la diferencia de significado entre estas dos frases aparentemente iguales: «Compró caro ese chalet» y «Compró ese chalet caro». En una te engañan y en la otra estás forrado. No todos, sin embargo, aciertan a explicar gramaticalmente esas diferencias de sentido sutiles. Quien aprendió qué es un complemento predicativo y para qué sirve sabrá argumentarlo.

     La Sintaxis, por tanto, sirve para pensar mejor, como los sudokus y los crucigramas, y también para jugar. ¿Qué prefiere: «gorras de viaje» o «viajes de gorra»? ¿Es igual de humano «Una menos vieja» que el despiadado «Una vieja menos»? Usted puede formar unas cuantas frases distintas cambiando el orden de estas nueve palabras: «Los socios que no vinieron ayer abonaron el importe». Varía la semántica si se altera la alineación de la frase. En plan gratuito: «Los socios que vinieron ayer no abonaron el importe». En plan selectivo: «Los no socios que vinieron ayer abonaron el importe». En plan tocateja para todos: «Los socios que no vinieron abonaron ayer el importe». En plan noticia y apremio: «Vinieron los socios que no abonaron el importe ayer».

      Es cierto que -salvo al profesorado de Lengua-a un camarero o a una abogada, a casi ninguna dentista o a pocos policías o albañiles les exigen en sus trabajos analizar oraciones. Sí tendrán que sumar, multiplicar, viajar y dividir. Si ayudan a sus hijos con los deberes, puede que sí les toque enzarzarse con atributos y circunstanciales y hasta con criaturas como los sintagmas. Ante una parejita de frases formularias como esta, «La niña quiere la muñeca» y «La niña quiere a la muñeca», doña Sintaxis te da la cena y deja muchas puertas abiertas para reflexionar. ¿No servía para eso?

    Habrá que reconocerlo: quien pregunta un porqué o un para qué no siempre reclama soluciones o respuestas, puede manifestar una actitud de rechazo. Yo aplaudo y secundo esas rebeldías. No me gustan los que se quejan pero sí quienes protestan. Aunque algunos quieren que la única respuesta sea el tesoro del bienestar. «A veces hay que romper las normas para aclarar las cosas», suelta un personaje de 'Las normas de la casa de la sidra'. Los temporeros que recolectan las manzanas se niegan a cumplir las reglas porque las impusieron sin preguntar a los inquilinos.

    La Sintaxis permite darles vueltas a las cosas. «Todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias». Cortázar. Para eso también sirve, por supuesto. El bienestar se refugia en «Haz las cosas interesantes». Los apasionados prefieren el «Haz interesantes las cosas». Más vale. Vale más.

  José Luis González, periódico Hoy, 6 de mayo de 2014. 



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