viernes, 2 de diciembre de 2011

MAGISTER DIXIT: NÉMESIS, PHILIP ROTH




        La última novela de Roth (Némesis, Mondadori, Barcelona, 2011) abunda en los temas antropológicos, en las preguntas esenciales de la vida. Siempre desde una tensión narrativa y psicológica que mantienen al lector alerta y preocupado, interiorizando el mundo interior que se le ofrece.

        En Némesis, Noth aborda el tema de las decisiones vitales, el dolor, el sufrimiento, la identidad, la libertad. Desde una problemática absolutamente humana: la aparición de un brote de polio en el verano de 1944 en Nework ecuatrial, Nueva Jersey, cuando aún no había ni vacuna ni tratamiento y la enfermedad era mortal. Por otro lado, Cantor, el protagonista es un hombre íntegro, inflexible, cumplidor del deber, pero que arrastra una terrible frustración; no haberse podido alistar en la guerra por un defecto de visión, a pesar de ello es un gran atleta y maestro de educación física. La trama y el drama de la novela comienzan en el verano de 1944 en la ciudad de Nework cuando aparece el brote de polio. Cantor es abnegado y se preocupa por sus alumnos, se los tienen confiados sus familias. Considera que el ejercicio y el aire libre son buenos contra la enfermedad. Pero la opinión popular es que el exceso de ejercicio, el sudor, los enfriamientos son lo peor. La superstición de la ciudad teme a la polio como a una maldición. Es el calor del verano, ese calor sofocante que impide trabajar. Pero Cantor cuida a sus niños y adolescentes como a sí mismo, está entregado a su trabajo y responsabilidad, les instruye en la educación física, el cuidado del cuerpo. Les da sus tiempos de juegos y de relax para que se aireen. Cantor quiere demostrarse asimismo su validez, la huella de su defecto por el que no se pudo alistar lo marca absolutamente. Es el mejor en el deporte, un auténtico atleta. Durante un tiempo la polio se mantiene alejada del colegio de verano, pero no tardará en llegar. Y llega rotundamente, con un primer fallecimiento, de un día para otro. Y aquí empieza el verdadero calvario ético de Cantor, ¿qué hacer?, cerrar la escuela o permanecer. Por otro lado, tiene relaciones con la mujer del médico que le prometen un puesto de trabajo en las montañas, lejos de la enfermedad. Sería la solución perfecta. Adiós a la polio y estar al lado de la mujer amada, como instructor en un campamento de verano. Pero Cantor considera que su deber es permanecer junto a sus chicos, que es el responsable. Es la lucha de la voluntad contra el destino. Y lo que por debajo subyace es que Cantor se quiere demostrar a sí mismo su validez, aquella que había sido puesto en duda al impedírsele alistarse. La opción es una opción contra las leyes de la naturaleza. Es una elección que determina tu destino desde el error. La única salida es aceptar la realidad que se nos impone. La libertad frente a la determinación es imposible. Hay libertad cuando hay posibilidades. Pero la opción de Cantor es justo la contraria, negar las posibilidades. Se ha marcado, libremente, su destino. Destino que arrastrará toda su vida. Porque aunque uno niegue las posibilidades está ejerciendo un acto de libertad, el de eliminarla.
 

        Pero los casos comienzan a abundar, hasta que se ve obligado a cerrar y desertar. Todavía tiene ocasión de ir a las montañas a respirar el aire fresco y huir de la enfermedad, el dolor, la muerte y el calor abrasador de Nework. Y aquí tendrá lugar el desenlace de la tragedia. En el momento de mayor felicidad, resulta que el propio Cantor es el portador de la enfermedad…la epidemia se extiende. La novela se cierra magistralmente, muchos años después, cuando un antiguo alumno, no muy brillante, reconoce, al contrahecho Cantor. La soledad es su destino. La memoria es su vida. El futuro no existe. Es un hombre acabado desde que contrajo la enfermedad y las consecuencias que aquello acarreó. Y es aquí donde surgen las preguntas sobre el destino humano. Cuántas vidas podemos vivir. Somos realmente libres, o las circunstancias tienen tanto poder que nos arrastran. Una decisión determina un camino en la vida. Pero en la vida nunca hay vuelta atrás, hay rectificaciones, pero el destino está marcado. No hay otra posibilidad en igualdad de condiciones. De ahí el origen de las religiones que nos prometen un mundo eterno donde sí podríamos vivir sin el peso de la libertad. Porque lo que en el fondo se nos está diciendo es que la libertad es un peso tremendo y que necesariamente tenemos que aceptar, aunque renunciemos a él. Porque nuestra vida es existencia y por eso está llena de momentos, momentos que forman una cadena causal, en la que a veces se producen encrucijadas. De éstas surgirán una forma de existencia u otra. Pero también hay una fuerza que nos impulsa a elegir, son nuestras circunstancias. Pero, como decía Ortega, yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas, no me salvo yo. Es decir, que una vida plena consiste en estar por encima de las circunstancias. Cuando nuestra vida ha sido determinada, nos pasa lo que al bienintencionado señor Cantor, que nos quedamos sin futuro. Si las circunstancias nos devoran dejamos de ser un yo.
       
Juan Pedro Viñuela, profesor de Ética y Filosofía del IES "Meléndez Valdés". 

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