TEXTOS CURIOSOS Y TEXTOS PARA OPINAR

TEXTOS CURIOSOS

   Se ofrece aquí una serie de textos que por su naturaleza o contenido resultan de difícil clasificación o merecen una ubicación especial. Desde mi punto de vista presentan algún tipo de curiosidad, ya sea por su lenguaje, el ingenio que muestran, la creatividad, el tratamiento del tema, o cualquier otro rasgo que los hace especiales. La aplicación en el aula dependerá de los objetivos didácticos de cada momento y del interés por las variadas aplicaciones que de cada uno de los
textos se desprende.

􀀉 LIBERTAD DE EXPRESIÓN. Luis Andrés Muñiz García.
(Defensa de la libertad de expresión utilizando títulos de revistas y diarios).
􀀉 HISTORIA DEL GRAN BERTO, EN NÚMEROS UN EXPERTO. Magdalena Vela.
(Explicación en verso de los números y las operaciones matemáticas)
􀀉 ANTES ALEGRE ANDABA... Francisco de Quevedo.
(Poesía amorosa en la que todas las palabras empiezan por la letra “a”).
􀀉 ¿SABES? Alex Grijelmo.
(A propósito del uso desmesurado de la muletilla "¿sabes?")
􀀉 REFRANES A MEDIAS, Gabinete Caligari.
( Canción que comenta una serie de refranes que no se cumplen).
􀀉 EL RECHAZO. Manuel Vicent.
(Artículo periodístico en el que el autor enumera aquello que detesta).
􀀉 COCHES EN VENTA. Quim Monzó.
(Artículo periodístico y de ficción sobre el antropomorfismo de los coches).
􀀉 QUE VIENE EL EURO. Luis Andrés Muñiz García.
(Las monedas europeas ante la llegada del euro en tono de humor y metáfora).
􀀉 MARCOS Y MOSES. Carmen Posadas. (Una ilustrativa comparación en un mundo desigual e insolidario).
􀀉 "E". Juan Cruz.
(Artículo humorístico en defensa de la letra E).
􀀉 TESTAMENTO OLÓGRAFO. Mario Benedetti.
􀀉 EL PODER DE LA PALABRA. David Eddings
(La magia de un buen narrador de historias).


􀀉 􀁹 􀁹 LIBERTAD DE EXPRESIÓN 􀁹 􀁹

   El Magazine del 19 de noviembre propone un paseo por los últimos 25 años. La televisión emitía en blanco y negro. Comprar el periódico, esperar el correo, podía ser un acto de rebeldía. Íbamos por la calle con cuadernos para el diálogo bajo el brazo para que la revista se notase. Leíamos informaciones, editoriales, artículos...o los exhibíamos, eso bastaba. Era el abc del progre. ¿Cuál era la razón para actuar así? Una esperanza, y también una seña de identidad, una reivindicación y, a veces, un desafío. Creíamos ser la vanguardia y que el destino nos había reservado el papel de alumbradores de la verdad, sin más armas que la palabra y sin más uniforme que la pana. Éramos el pueblo, la voz, el adelantado, el heraldo, el faro de una nueva España. Queríamos el cambio y lo queríamos ya. Hubo que esperar. Tuvimos miedos y esperanzas. No fue una época fácil. Con el tiempo, aprendimos que con el diálogo era posible una transición sin sangre - aunque la hubo-. El mundo se asombró de lo conseguido. Nos quisieron robar la libertad recobrada. Madrid y Levante lo sufrieron especialmente, aunque a todo el país se le heló el corazón, y pasó la noche más larga con la radio en el oído y pegado al televisor. La comunicación nos devolvió la dignidad. Otros censores quieren hoy acallar la voz plural. Una simple interviú, manifestar la opinión, puede costar la vidao el exilio de un ciudadano. Hoy no cabe hacerse el imparcial: nos jugamos de
nuevo(¡parece mentira!) la libertad de expresión, el derecho a la información. El triunfo es posible.    
  Demostramos a diario que lo es. Pedimos, por favor, la paz y la palabra.

Luis Andrés Muñiz García. Magazine. 3 de diciembre de 2000.

HISTORIA DEL GRAN BERTO,
EN NÚMEROS UN EXPERTO

Voy a contar la historia del gran Berto,
en materia de números experto.
Era un gran tipo, siempre muy entero
con traje y con sombrero;
muy fino, sin perder la compostura
aunque se le rompieran las costuras.
Ya lloviera o tronara,
no cambiaba la cara
ante lo alentador o positivo,
ni se inmutaba ante lo negativo.
Hay que ver cómo mantenía el tipo,
que sabía guardar incluso el hipo.
No le gustaba ser un magno cero
ni podía evitar ser un entero.
Así que, si en la izquierda no rentaba,
en valor absoluto se mudaba,
sin signo. Y en la recta,
a la derecha, de cuenta perfecta.
Muy buen simulador y marrullero,
en la mesa los órdagos echaba,
y si en mala suerte se tornaba
perder no le abatía al gran fullero.
En suma, algún farol sí se tiraba:
mismo signo al sumar, igual le daba,
fuera menos o más,
con una habilidad de Satanás,
los sumaba tal cual
poniendo el signo siempre en el total.
Y esta verdad tan grande como un templo
se podría ilustrar con un ejemplo:
Sumando diez más siete
justamente daba más diecisiete,
y al sumar menos diez más menos siete
le resultaba menos diecisiete:
los sumaba tal cual
poniendo el signo menos al final.
Pero ¿y cuando su signo era variable?
¡Azar inescrutable!
En la suma restando bien obraba,
y del número más grande quitaba;
y el signo del mayor
lo colocaba como vencedor.
Y ni el tahúr ni el más grande adivino
podía predecir tal desatino.
Para Berto la resta no era nada:
era como una suma disfrazada:
con acierto rotundo
cambiaba el signo al número segundo:
de tal modo dispuesto,
bastaba con sumarle ya el opuesto.
Para multiplicar o dividir
estas normas había que seguir:
con idéntico signo,
más o menos, era algo de ver digno:
te pones a operar,
y ves que el signo más vuelve a ganar.
No estaba aún completa la canción:
la rima de producto y división
de nada le servía al garitero,
aunque se mantuviera muy entero:
pues pasa que con signo diferente
da negativo irremediablemente.
Por suerte no se rinde por un menos,
porque eso para él es lo de menos.

Magdalena Vela. La palabra rev(b)elada. Anaya.

ANTES ALEGRE ANDABA...

Antes alegre andaba: ahora apenas
alcanzo alivio, ardiendo aprisionado;
armas a Antandra aumento acobardado;
aire abrazo, agua aprieto, aplico arenas.
Al áspid adormido, a las amenas
ascuas acerco atrevimiento alado;
alabanzas acuerdo al aclamado
aspecto, a quien admira antigua Atenas.
Ahora, amenazándome atrevido,
amor aprieta, apresa arcos, aljabas;
aguardo al arrogante agradecido.
Apunta airado; al fin, amando acaba
aqueste amante al árbol alto asido,
adonde alegre, ardiente, antes amaba.

Francisco de Quevedo.

¿SABES?

   La muletilla resalta la cojerilla, amigo, hablo de tu ¿sabes?, así que no me estés preguntando cada vez que terminas una frase si sé lo que me dices, porque es una pesadez estar contestando que sé lo que me dices cada vez que terminas una frase, o sea, así lo que barrunto es que no estás seguro de si te explicas o no te explicas, vamos, que no te das mucha maña, dudas de ti mismo y tal vez también de mí mismo, seguramente incapaz tú de exponer con puntería lo que piensas o quién sabe si ignorante yo de tu extenso diccionario, pero más bien lo primero, porque utilizas palabras del común, así que si no sabes si sé es porque no te habrás explicado bien, y también me preocupa, o que necesitas que alguien esté asistiendo constantemente después de escucharte, que más bien me malicio esto, ¿sabes?, como si necesitaras el refrendo continuo, el caso es que cualquiera de las posibilidades que se me vienen, ¿sabes?, es realmente nefasta, y además se me contagia, y ya estoy yo diciendo ¿sabes? y los demás asintiendo, como zopenquillos, porque al final todo el mundo sube y baja la cabeza, nadie te espeta que no cuando le preguntas ¿sabes?, todos van y dicen que sí, porque la gente hace ver que te sigue, ¿sabes?, y eso es en realidad lo que necesitamos, el apoyo moral, que alguien nos baile el agua, lo que al final mentira es, porque ni nos bailan ni nada, simplemente dicen que sí a todo, y se hace una pesadez mayormente por rutinario, y te dicen, por ejemplo, "y entonces, como el Pisuerga pasa por Valladolid, ¿sabes?, y eso, vamos, es ya elncolmo, ¿cómo no voy a saber yo que el Pisuerga pasa por Valladolid?, es que ofende tanta preguntita, oye, porque además me suena a inglés, you know?, mira que importamos barbaridades, en el sentido suyo de la palabra misma, ¿sabes?, que aún tendría razón de ser que te preguntaran you know? después de hablarte en inglés , a mí, por ejemplo, por asegurarse , pero vamos, que siendo de Burgos, ea, no tiene basamento ninguno, digo, yo.
Alex Grijalbo. El País. 3 de marzo de 1989.

MALDITOS REFRANES

Me levanté temprano
pero Dios no me ayudó.
Anduve muy caliente
y la gente se rió.
No le miré los dientes
y qué poco me duró.
Dejé correr el agua
y la sed me consumió.
Pero al fin algo
sí se cumplió:
quien bien me quiso
si que me hizo llorar.
¡Malditos refranes!
El último reí
pero no reí mejor.
le puse buena cara al mal tiempo y continuó.
Me arrimé a un buen árbol
y me sigue dando el sol.
Hice de Viridiana
y un pobre me la jugó.
Pero al fin algo...llorar.
¡Malditos refranes!
No quiero escuchar más.
Malditos refranes.
Acude al refranero
si quieres encontrar
antídoto o veneno
para tu voluntad.
Aunque ya sabrás
si eres buen entendedor
que pocas palabras
bastarán entre tú y yo.

Grupo Gabinete Caligari

EL RECHAZO

   No me gustan las manos blancas y húmedas, las pastelerías con luz de neón, los que usan bastón sin estar cojos, los granos de arroz dentro del salero, el helado servido en una copa de metal, los coches con alerones, los pantalones blancos transparentes, los gritos del megáfono en las tómbolas donde se rifan muñecos de peluche, los que soplan en la cuchara de la sopa, las cunetas llenas de papeles y
botellas, las vitrinas polvorientas de los bares de carretera que exhiben productos típicos de la región, los tipos que te hablan muy cerca de la cara echándote un aliento fétido, los que salen del restaurante con un palillo en la boca y al pasar junto a tu mesa te dicen; que aproveche, el olor a margarina asada de las cafeterías, el gracioso que cuenta chistes los viernes en las cenas de matrimonios.
  El infierno también se compone de minúsculas cosas que a uno no le gustan: los músicos callejeros que utilizan grandes bafles para pedir limosna tocando un bolero, los intelectuales sesentones que todavía usan pantalones vaqueros muy ceñidos, los besos en las mejillas demasiado húmedos, los huesos de aceituna sobre el mantel, chuparse la yema del dedo para pasar la hoja del periódico, los que riñen
con el camarero, las cubiertas de los libros con títulos dorados en relieve, los calcetines blancos en invierno, el chándal para dar vueltas a la manzana, los domingos, los nombres que salen en negrita en cualquier artículo. El infierno de cada día también es eso.

                          Manuel Vicent. El País (12-VI- 94).

COCHES EN VENTA

   Esta mañana, volviendo de comprar el pan, he visto un Opel Kadett rojo aparcado en la calle, con un letrero en el cristal posterior en el que se leía, en letras escritas con rotulador: "Me vendo". A continuación, un número de teléfono. Muy a menudo ves coches aparcados con un letrero que indica que están en venta, y con un número de teléfono al que llamar. A menudo añaden el precio que piden por él, si consideran que es una ganga que puede atraer a los posibles compradores.
  Si hoy me he fijado especialmente en el letrero del coche es porque ayer vi otro, en otra zona de la ciudad, también aparcado y con un letrero que empezaba con las mismas palabras -"Me vendo"-, y ya ayer me pregunté por qué el coche se me ofrecía en primera persona del singular. Es evidente que los vehículos automóviles no tienen conciencia de sí mismos ni están suficientemente alfabetizados como
para dirigirse por escrito a los peatones o a los otros vehículos que pasan por su lado. Por lo tanto, lo más lógico es suponer que el letrero lo redactó su propietario, que escribió "Me vendo" en una especie de detalle simpático: como fingiendo que el vehículo está imbuido de un alma, sea súper o sin plomo. Pero en cambio, vas por la calle y nunca ves, colgado de un balcón, ningún letrero de oferta de venta que utilice la primera persona del singular . En los pisos los letreros dicen siempre: "Se vende" o "Piso en venta". Nunca se ve escrito: Me vendo. Soy muy soleado. Tengo tres habitaciones, cocina y baño, y mi terraza es amplia". ¿Por qué, en cambio, los coches se ofrecen a menudo en primera persona? Porque su apariencia tiene algo de humana (o animal, que viene a ser lo mismo). Y los pisos no. Desde pequeños hemos visto que - en las historias y en los dibujos animados - a veces los coches adoptan un cierto antropomorfismo: sus faros se convierten en enormes ojos que miran, y su parachoques es una boca que se tuerce o que ríe, según esté a punto de atropellar a algún incauto. Más allá del mundo de los dibujos, tenemos- ya con imágenes reales- al "coche fantástico" de la serie de televisión, que hablaba con voz cavernosa y explicaba cosas la mar de simpáticas y dicharacheras. Mucho más perverso, en la película "Christine"- basada en la novela de Stefhen king, y que dirigió John Carpenter- aparecía un coche asesino que se dedicaba a matar a la gente.

  Con todos esos precedentes, si yo estuviese interesado en comprar un auto de segunda mano - aun sabiendo que la lógica dice que lo más probable es que el redactor del letrero sea su dueño -, no me fiaría yo mucho de un coche que se ofrece a sí mismo en primera persona. ¿De verdad eres tú quien me dice que se vende? Quién sabe si, una vez comprado y acabado todo el papeleo del cambio de nombre, a la que te sientas en él y pones la llave en el interruptor de arranque, el
tablero de instrumentos se ilumina para dibujar una risa espeluznante, el cambio de marchas empieza a hablarte con voz terrible y gutural, el volante suelta una carcajada homicida y de ahí no sales vivo.

    Quim Monzó. “Coches en venta" en Magazine, 8 de julio de 2001.


QUE VIENE EL EURO

  Faltan menos de ciento setenta días para disponer de otro dineuro en el monedeuro. Pero no debemos quejarnos demasiado los españoles cuando le digamos adiós a nuestra peseta. Otros socios europeos lo pasarán peor. A algunos les pillará, seguro, tocando la lira, a otros plantando florines en su jardín. Los hijos de la pérfida Albión pensarán que de esto nadie se libra, que no existe escudo capaz de desviar el envite. En las casas alemanas y finlandesas los cuadros se caerán de unos marcos inexistentes. Los austríacos editarán un diccionario de germanías en los que se recogerá el antiguo lenguaje cheli. Si les soy
franco, hay que reconocer que será una incomodidad, sí, pero que esto es el signo de los tiempos. No hay que hacer ningún dracma de ello.

Luis Andrés Muñiz García. En "Cartas al Director". El País 22 de julio de 2001.

MARCOS Y MOSES

  Marcos nació en una familia de siete hermanos. Su madre tuvo un parto difícil, pero gracias a la ayuda médica nació sin ninguna tara. Moses también tiene siete hermanos. Durante el embarazo, su madre tuvo problemas y él nació con un pulmón oprimido que ahora le impide respirar con facilidad. Moses nació ayudado por su tía y su abuela, expertas ganaderas.
 Marcos disfruta de una alimentación sana y equilibrada. Come verduras, carne, pescado, hierro, fósforo, hidratos de carbono...A Moses se le cayeron dientes debido a la desnutrición. La comida preferida de Marco es el pollo, y el jamón serrano. Moses no lo ha probado nunca, pero seguro que le gustaría. Marcos tiene un abrigo de cuadros para los días de frío. Moses tiene más suerte, porque en su país casi nunca hace frío y no necesita ropa. Es una suerte doble, porque aunque la necesite tampoco la tendría.
 Marcos sale de su casa para ir a jugar al parque y dar un paseo. Moses siempre está fuera de casa. Marcos no conoce a su padre y no sabe dónde está. Moses tampoco lo conoce, pero sabe que murió en la guerra, aunque no contra quién luchaba.
 Marcos no irá nunca al colegio ni aprenderá a leer. Moses tampoco.
La esperanza de vida de Marco es de unos 20 años. La de Moses es mayor, pero él quizá no llegue a cumplir los 20. 
 Marcos es un setter irlandés. Moses, un niño africano.
Carmen Posadas. Solidaridad 100 por 100. Bruño.

e

   Es como el martes de cualquier semana; está presente en los nombres de los días laborables, de lunes a viernes, y forma parte de los meses más fríos del año. Es una letra esforzada y laboriosa, que lleva en su peta el fruto de su larga estancia en el vocabulario: es lo primero que dicen los niños, y los animalillos también se expresan con ella para decir ¡aquí estoy yo, beee! Ahora se parece a la letra de la arroba, que es un enlace, como la e:@. Tiene la apariencia de una cueva, y también la de un ojo, es una letra que se ve subida a un filamento eléctrico que es el que le da sentido. Sin ese rabillo -rabillo del ojo, justamente- no sería sino un espejo sin mando, una mano en el aire; Nabokov decía, oyendo las letras, que todas tenían colores y formas que iban más allá de lo que significaban por dentro; la o que es lo que se le escapa a la e, es un espejo manual con monturas de marfil mientras que la a, donde también está la e pero al revés, tiene el color de la madera a la intemperie. Para la e reserva el autor de Lolita cierto desdén, pero le da un color, el amarillo, que es lo primero que se ve . El amarillo da suerte -GabrielGarcía Márquez se rodeó de rosas amarillas cuando ganó el Nobel, las regala, -pero los actores rehuyen ese color creen que es gafe. Augusto Monterroso tituló un libro "La letra e, pero no porque ese hurón del abecedario formara parte de las preocupaciones explícitas de su obra, sino por amor a ese abrigo que anda con un solo pie. Eduardo Arroyo, el pintor, que además se llama Eduardo con e pintaría de negro esa letra inicial suya, acaso porque siempre firmó con tinta de ese color y porque siendo pintor de cuadros esa inicial la tiene que poner casi todos los días. Einstein se llamaba con e, y su teoría de la relatividad es como la e de los abecedarios latinos: tiene su función relativa, de cópula, junta a unos con otros, es una letra explícita, da la mano. Es una letra, la e, que mejora la vida de las consonantes, que sin su espalda son bastante desvalidas.(...)
                    Juan Cruz. El País. 20 de septiembre de 2000.

TESTAMENTO OLÓGRAFO

1. Yo, Rogelio Velasco, dejo mis anteojos o gafas o espejuelos, a mi sobrino Esteban, para que pueda ver el mundo como yo lo he visto, a veces injusto, desarticulado, confuso, y otras veces generoso, ordenado, estimulante. (...)
2. Yo, Rogelio Velasco, divorciado y vuelto a emparejar, nacido en Mercedes hace 65 años, dejo mi cámara fotográfica a mi ex mujer, porque fue con esta Rolleiflex que tratamos de fijar ciertos instantes de nuestra breve bienaventuranza. (...)
3. Yo, Rogelio Velasco, taquígrafo ya retirado, dejo mi máquina de escribir Underwood, o sea un dinosaurio preinformático, a mi ex colega y buen amigo Eusebio Palma, con quien compartí tantas conferencias de prensa, simposios, congresos, en una época en que los taquígrafos todavía éramos testigos y custodios de la palabra. (...)
4. Yo, Rogelio Velasco, con la salud algo quebrada y no sé si recuperable, dejo a mi segunda mujer mis brazos y mis piernas, en recuerdo de que con unos y con otras la abarqué y la ceñí, la incorporé a mi territorio, la gocé y logré que me gozara. También le dejo mis rabietas de verdugo y mis caricias de arrepentido; mis hoscas vigilias y mis nocturnos de minucioso amador; la melancolía que me provocan sus ausencias y el cielo abierto que acompaña sus regresos; la garantía de saberla dormida a mi lado y la certeza de que velará mi último sueño.
5. Yo, Rogelio Velasco, dejo también una canción cadenciosa y pegadiza que mi madre cantaba en la cocina mientras revolvía el dulce de leche casero; dejo un cristal con lluvia que me ponía alegremente melancólico; dejo un insomnio con luna creciente y dos estrellas; dejo la campanilla con la que llamaba a la esquiva buena suerte; dejo una tijerita de acero inoxidable con la que, a través de los años, me fui cortando tres o cuatro prototipos de bigote; dejo el cenicero de Murano que recogió sin inmutarse la ceniza de mis frustraciones; dejo todos mis apodos y mis remordimientos clandestinos; dejo una ficha de ruleta para que alguien la apueste al treinta y dos; dejo el relámpago de la memoria, que a veces ilumina los baldíos de mi conciencia: dejo el cuaderno tabaré cuadriculado donde fui anotando mis vagos presentimientos; dejo un ejemplar del Quijote en papel biblia con notas al margen que testimonian mi aburrida admiración; dejo los gemelos de oro que me regalaron para mi segunda boda y que nunca estrené porque sólo uso camisas de manga corta; dejo la cadenita de mi pobre perro que murió hace tres años porque no pudo soportar su viudez; dejo un encuadernado ejemplar de la oda al carajo, única obra maestra del ubicuo bandolero que escribió nuestro himno y el de Paraguay; dejo el antiguo calzador de mango largo que uso en mis temporadas de lumbago; dejo mi valiosa colección de arrugadas expectativas; dejo un cajoncito de cartas recibidas y no contestadas y otro cajoncito con copias de las cartas que no me contestaron; dejo un termómetro enigmático y maravilloso porque siempre nos fue imposible leer en él la temperatura nuestra de cada día; dejo la acogedora sonrisa de la preciosa pero intocable mujer de un buen amigo que es campeón de karate; dejo el único piojo solitario, anacoreta, que ingresó hace doce años en mi geografía corporal y al que ultimé sin la menor piedad ecologista; dejo un plano muy bonito de Montevideo, recuerdo de una época poscolonial y premoon; dejo mi horóscopo con sus pronósticos nunca confirmados; dejo un papel secante con la firma (invertida) de un ministro del ramo; dejo un caracol gigante, recogido en una playa oceánica, que antes de expirar me miró con la tristeza de su odio salado; dejo una antena de TV que sólo aportó inéditos fantasmas a mi pantalla; dejo las ojeras de mi hipocondría y los ardides de mi falso olvido; dejo un decilitro de ola atlántica que guardo en un frasco verdiazul para que no extrañe; dejo un sueño erótico y su verdad desnuda, por cierto inalcanzable en la arropada vigilia; dejo una bofetada femenina, injusta y perfumada; dejo una patria sin himno ni bandera pero con cielo y suelo; dejo la culpa que no tuve y la que tuve, ya que después de todo son mellizas; dejo mi brújula con la advertencia de que el norte es el sur y viceversa; dejo mi calle y su empedrado; dejo mi esquina y su sorpresa; dejo mi puerta con sus cuatro llaves; dejo mi umbral con tus pisadas tenues; dejo por fin mi dejadez.
             Mario Benedetti. En Buzón de tiempo. Alfaguara.

EL PODER DE LA PALABRA

  El narrador de historias aparecía de vez en cuando por la hacienda y siempre era bien recibido. En realidad, era un vagabundo desarraigado que se ganaba el sustento contando historias y leyendas por el mundo. Sus narraciones no siempre fueron buenas, pero su modo de relatarlas les otorgó una especie de magia especial. Su voz podía resonar como un trueno o susurrar como un céfiro, El viajero era capaz de imitar una docena de voces a la vez y de silbar como un pájaro con tal fidelidad que las propias aves acudían a él para escuchar lo que tenía que decir.
  Y, cuando imitaba el aullido del lobo, el sonido era capaz de erizar el pelo de la nuca a los oyentes y atenazarles los corazones como si hubiera llegado lo más crudo del invierno. El viejo era capaz de imitar el sonido de la lluvia y el viento y, lo más asombroso de todo, el sonido de la nieve al caer. Sus historias estaban llenas de sonidos que les daban vida, y a través de ello y de las palabras con que urdía sus relatos, parecían cobrar vida también para sus arrebatados oyentes las imágenes, los olores e incluso el tacto de unos tiempos y lugares remotos y extraños. El narrador ofrecía gratis todas
estas maravillas a cambio de unos latos de comida, una jarras de cerveza y un rincón cálido del cobertizo del heno donde poder dormir, El hombre vagaba por el mundo tan libre de posesiones materiales como los pájaros.
             David Eddings, Crónicas de Belgarath en http://members.es.tripod.de/bibliotecario/animacion/poder/.htm




     TEXTOS PARA OPINAR

   Estos textos tienen como objetivo propiciar el diálogo y la opinión sobre temas diversos. No están seleccionados para ser utilizados como modelo de estructura argumentativa sino para facilitar la comunicación, el debate de ideas y la expresión oral en el aula.

􀁢Autoestima, adolescencia y salud. Federico Juárez Granados
􀁢Conferencia de Federico García Lorca. (Fragmento)
􀁢La fuerza de la genética. Quim Monzó
􀁢Grandes palabras y mentiras. Rosa Montero
􀁢 Solidaridad es... V. Fernández Tubau
􀁢 Enamorarse es... Lope de Vega
􀁢Aprender a decir no. Carmen Posadas
􀁢 La vida en común. Augusto Monterroso.

AUTOESTIMA, ADOLESCENCIA Y SALUD

Quererse a sí mismo, ni es egoísmo, ni es enfermizo; es un sentimiento fundamental. El amor a uno mismo es un sentimiento legítimo que nos motiva a fijarnos objetivos y metas, así como a procurar ser eficaces en la resolución de nuestros problemas y a establecer alianzas y vínculos sociales sanos. Cuando una persona se ama a sí misma, es capaz de demostrar sus cualidades, disfruta haciéndolo, se emplea al máximo y obtiene éxito. Los que observan ese comportamiento experimentan simpatía y quedan dispuestos a otorgar reconocimiento.
 La autoestima es fundamental en el crecimiento armónico de la salud humana. Burns definió autoestima como los éxitos divididos por las pretensiones. Por lo tanto, no es suficiente tener éxitos importantes para asegurar la autoestima si el denominador pretensiones es muy alto. La persona que se desestima suele manifestar una autocrítica desmesurada y de estos dos síntomas conlleva un estado de insatisfacción. La visualización es una técnica de creatividad imaginativa de escenas y secuencias positivas. Viéndonos en positivo podemos incrementar nuestra autoestima y cambiar la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Date permiso para estar bien.
  La adolescencia es una etapa de la vida caracterizada por conflictos y dudas sobre el sentido de la identidad personal y de la autonomía. Se busca la aprobación externa, importa mucho lo que digan los demás. Según los expertos en trastornos de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia, la falta de autoestima es el principal factor predisponente de estas enfermedades. Muchas veces, el hecho de no aceptarse a uno mismo viene provocado por la constante presión social, el culto a la delgadez, la moda, etc. Se asocia la imagen de la delgadez con la felicidad o éxito social. Nuestros jóvenes se autoimponen la necesidad de conseguir un cuerpo perfecto. Se produce entonces, como decíamos al principio, un problema de falta de autoestima porque las pretensiones son casi inalcanzables. Se reconoce abiertamente una mayor presión sociocultural sobre la imagen de la mujer.
  Las consecuencias de la autoestima son la aceptación y respeto a uno mismo, formación y enriquecimiento propio. Esto supone una garantía de cuidado personal sano, diversión, desarrollo armónico, nuevas experiencias interesantes y curiosas, relaciones alegres y útiles...

         Federico Juárez Granados. Información 4 de abril de 2001.


FRAGMENTO DE UNA CONFERENCIA

  Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. "Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre", piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
  No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen de todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
  Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede , que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre  fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita, ¿y dónde están esos libros?

  ¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: "amor, amor", y que debían los pueblos pedir como se pide pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso, Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: "¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!". Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua, pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir a la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
  Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: "Cultura". Cultura, porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
 Y no olvidéis que lo primero de todo es la luz.

F. García Lorca. Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. 
(Septiembre, 1931).

LA FUERZA DE LA GENÉTICA

  Es domingo. Son las diez de la mañana y gran parte de la ciudad duerme. La que no, se despierta somnolienta y en silencio. Y entonces, de repente, un estallido de cláxones revienta la calma matutina. Primero se oyen a una cierta distancia, pero en seguida la intensidad aumenta, hasta que se estabiliza. El ritmo que los cláxones marcan es el tradicional "to-to-tó, to-to-to-to, ¡to-tó!". ¿Qué pasa? ¿Algún equipo ha ganado alguna final de copa? No puede ser. No toca ninguna y, además, los partidos se juegan de noche y no a primera hora de la mañana de un domingo, y es en las noches de victoria cuando, tras el partido, los seguidores del equipo vencedor salen por la ciudad, celebrándolo y bebiéndose todo lo bebible. Abro el balcón, salgo fuera y veo una fila de ocho coches que hacen sonar el claxon mientras avanzan por la calle.     Ahora se han detenido ante el semáforo pero ellos siguen con lo suyo: "to-to-tó, to-to-to-to, ¡to-tó!". En el edificio de enfrente otras persianas se levantan y sale gente en pijama, con cara dormida y la misma pregunta en la mente: ¿Qué pasa? Los ocho coches continúan detenidos ante el semáforo rojo. El primero de ellos lleva el parabrisas y el vidrio posterior engalanados con ramos de flores blancas.
  Así que se trata de eso: de una boda. Ocho coches van por la ciudad haciendo sonar los cláxones porque dos de sus ocupantes se casan hoy. Se habla mucho, últimamente, del ruido en las ciudades. Se han creado plataformas en contra, decididas a acabar con el ruido innecesario, pero éste ha enraizado de forma tal en el corazón de la gente que lo tienen difícil. Sin ruido, muchos conciudadanos no
saben expresar emoción alguna. Es la herencia de la carraca, del petardo que tanto divierte a los niños. Se hace ruido por todo. Para demostrar que estamos alegres ponemos música en el coche y, a todo volumen y con las ventanas abiertas, nos paseamos por las calles, para que todos compartan nuestro gozo. Incluso, para demostrar que estamos tristes, han abolido el silencio en los entierros, y ahora por
poco que el muerto fuese alguien mínimamente significativo- se aplaude su féretro, lo que (para los que aprendimos que el silencio es la forma máxima de respeto) no puede significar otra cosa que alegría por esa muerte.
 Se trata de evitar el silencio, como sea. Ahora que el semáforo se les ha puesto por fin verde, los ocho coches vuelven a ponerse en marcha golpeando sus cláxones sin parar. Si fuesen en fila silenciosa, les parecería que no demuestran suficiente alegría, merece que la ciudad entera se despierte a su paso, esta mañana de domingo, para enterarse de algo extraordinario: ¡que dos de ellos se casan!
Después habrá quien se sorprenda cuando, de aquí a dieciséis o diecisiete años, el hijo de esta pareja que hoy se casa cambie el tubo de escape de su motocicleta por un tubarro ensordecedor y se pasee por las calles de esta misma ciudad para anunciarnos a todos algo que para él también será sumamente importante: que se ha cambiado el tubo de la motocicleta por un tubarro ensordecedor.

               Quim Monzó. Magazine, 24 de junio de 2001.

GRANDES PALABRAS Y MENTIRAS

Las palabras son unos extraños artefactos. Por un lado, es la palabra la que nos hace humanos y la que nos permite definir nuestros sueños y aspirar a ser mejores de lo que somos. Pero, por otro, en las palabras anida la mentira, la insustancialidad y la traición.

  Y así, todas las grandes palabras han sido reventadas y corrompidas en algún momento de la historia. Por ejemplo, la libertad. Hasta el dictador más asesino usa la palabra libertad como si fuese suya. O justicia, o felicidad, o bien común. Las palabras son violadas tan a menudo que una acaba por desconfiar de los grandes conceptos. Con el de solidaridad, por ejemplo. Vivimos en las fronteras de un mundo nuevo, de un planeta que se nos está quedando muy pequeño. Vemos a los sudaneses morir de hambre en tiempo real, en directo, en nuestra televisión, mientras comemos.
  Son nuestros vecinos, y hoy nos es mucho más difícil ignorarlos que veinte años atrás. Para recolocar la inquietud que nos provocan, hemos empezado a sacar brillo a la palabra solidaridad. Ahora sólo cabe esperar que no nos quedemos en eso en llenarnos la boca con sus sílabas, en sentirnos cumplidos con la simple y banal autocomplacencia de las grandes palabras. La autocomplacencia, tal vez sea ésa la clave: cuando las palabras se juntan con la autocomplacencia, la sinceridad salta por la ventana. Ser solidario no consiste en decir que se es solidario. Ser solidario es un proyecto de comportamiento, una voluntad de ser útil, un esfuerzo por es fácil, ni es un lugar al que se llegue o un atributo que pueda poseerse. Es una utopía, y hay que esforzarse cada día por acercarse a ella.

                    Rosa Montero. Solidarios 100 por 100. Bruño.

SOLIDARIDAD ES...

... No pasar cuando ves un problema ajeno
... apreciar la belleza de quien te sonríe
... importarte el bienestar del que tienes al lado
... comprender otros puntos de vista
... dar la mano a quien te la tiende
... enseñar a sobrevivir al menos preparado
... permitir ser diferente a quien lo es
... entrar en acción para poner soluciones
... sentir que puedes hacer algo por los demás y hacerlo
...amar a pesar de las diferencias.

              V Fernández-Tubau. En Solidarios 100 por 100.


ENAMORARSE ES...

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde, y animoso.
No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño:
esto es amor: quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega.

APRENDER A DECIR NO

  Entre los buenos propósitos que me he hecho para el otoño que comienza hay uno indispensable: urgentemente, tengo que aprender a decir no. Y es que el mundo se divide en dos: las personas razonables que hacen lo que les conviene, que dedican sus energías a causas que valen la pena, ya sean altruistas o no, personas maduras que plantan pies en pared cuando les proponen algo fatigoso o inútil para ellos; y los idiotas (entre los que me cuento) que dicen sí a todo.
  Yo soy, para que se hagan una idea, de esas tontas que salen con un hombre que les aburre hasta las lágrimas simplemente porque el interfecto es un plasta y no se da por vencido después de seis o siete disculpas clarísimas del tipo "perdona, chico, pero tengo que ir al pediatra" o "lo siento, hoy es el cumpleaños de mi hijo" (eso, cuando el plasta sabe de sobra que yo sólo tengo hijas y muy mayores). La
cuestión es que al final salgo, y me aburro como una ostra, y juro que la próxima vez le diré al plasta que no me llame más. Sin embargo, él vuelve a telefonear y allá voy yo otra vez haciendo el panoli.

Por no saber decir no, me he comprado aparatos culinarios carísimos. Se lo aseguro, señora, con este superrobot podrá amasar pan como un profesional (¿amasar pan yo?, pero si sólo como biscotes). Sí, querida señora, y elaborar helados caseros (¿para qué, con lo fácil que es comprar un Háagen Dazs?). Mire, cómo el robot fabrica papardelle (¿y qué cuerno es papardelle?). En fin, para qué cansarlos, lo cierto es que aquí tengo el superrobot que aún me mira mártir (y virgen, naturalmente) desde un armario de la cocina. Y puedo darles muchos más ejemplos de cosas aún más absurdas que he comprado acosada por vendedores implacables: una enciclopedia de chicha y nabo cuando ya tengo la Brítanica y la Espasa. Limpiamuebles milagrosos. Cremas rejuvenecedoras a precio de bochorno. y. cómo no, un enorme aparato de gimnasia pasiva (tonelada y media de tecnología punta que ocupa buena parte de mi dormitorio) del padre de cuyo inventor me acuerdo todos los días y no precisamente con cariño. A esto hay que unir el tema social: las presentaciones absurdas, los cócteles soporíferos, las fiestas mundanas que tanto me angustian, y los infinitos favores a los que digo sí con una sonrisa fósil: a fulano, porque es amigo del colegio; a mengana, porque está pasando una mala racha; a aquél, simplemente para que deje de darme la brasa.
  Pero se acabó, créanme. A partir de ahora, no más compras inútiles, no más salidas a saraos que me aburren y, sobre todo, no más citas con señores que me postran y me cuentan esas milongas de que si quieren escribir una novela..., que si piensan abandonar este mundo materialista para dedicarse a plantar lechugas..., en suma: ¡basta de tonterías! El propósito está hecho y lo cierto es que me siento
mucho mejor. ¿Sirve de algo hacer buenos propósitos en otoño? ¿Ustedes creen en el poder taumatúrgico de la letra escrita? ¿Creen que haber hecho apostasía pública de mi blandenguería es un primer paso en mi rehabilitación? Tengo mis dudas, pero les juro que voy a intentarlo. Ahora parece fácil...Ya veremos como lo veo el mes que viene. Les mantendré informados.

            Carmen Posadas. Magazín. 23 de septiembre de 2001.

LA VIDA EN COMÚN

  Alguien que a toda hora se queja con amargura de tener que soportar su cruz (esposa, esposo, padre, madre, abuelo, abuela, tío, tía, hermano, hermana, hijo, hija, padrastro, madrastra, hijastro, hijastra, suegro, suegra, yerno, nuera) es a la vez la cruz del otro, que amargamente se queja de tener que sobrellevar a toda hora la cruz (nuera, yerno, suegra, suegro, hijastra, hijastro, madrastra,
padrastro, hija, hijo, hermana, hermano, tía, tío, abuela, abuelo, madre, padre, esposa, esposo) que le ha tocado cargar en esta vida, y así, de cada quien según su capacidad y a cada quien según sus necesidades.



                  Augusto Monterroso.
Cuentos. Alianza.




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