Resulta gratificante que alguien se decida a relatar nuestro vergonzante pasado colectivo de forma conexionado, siquiera para constatar que no estamos solos en los raptos de desconsuelo y frustración que nos viene deparando esta España nuestra que algunos soñábamos mejor. ¿Melancolía de muchos, consuelo de tontos? Depende. La melancolía improductiva de los pusilánimes siempre resulta inútil, irritante casi, pero la melancolía emprendedora como la que alienta en este imprescindible ensayo de Antonio Muñoz Molina es la llave de arranque para un futuro más prometedor.
Para reconducirnos es preciso echar la vista atrás con espíritu crítico, ese espíritu en vías de extinción que le ha cedido el terreno al buenísimo, a la adulación y a los trasuntos de corrales de vecinos que son ciertas tertulias televisivas. Nada que ver estas últimas con la reivindicación racional de intelectuales honestos, de los de enjundia, como es el caso, no de esos ingrávidos títeres autoinvestidos como tales y que vocean o enmudecen según sople el siroco de las subvenciones.

Todo lo que era sólido es la reflexión, consistente y legítima, la voz de alerta, de quien combatió el oscurantismo de la dictadura, de quien asistió esperanzado a los albores de la democracia para ver cómo sus ideales encallaban años después en un caciquismo retrógrado mucho peor que el franquista por incorporar el gravamen añadido de la impostura. Y en ese espejo atrofiado en que se mira Muñoz Molina debemos miramos todos para enderezar el rumbo. Una lectura asequible a todos, amena y entreverada de perspicaz sentido del humor (destaco el capítulo del constructor paellero). Ay, sin en lugar de dejarnos anestesiar por los chamanes de la tele leyésemos de vez en cuando ensayos como éste, otro gallo cantaría.
Herminio Marín, maestro de Historia y Geografía y Coordinador o responsable de la biblioteca en el IES "Melendez Valdés".
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