
Rubén se encuentra internado en un centro y
está asistiendo a unas sesiones con su psicóloga que es a la que le cuenta toda
la historia.
Esta
novela me ha transmitido el miedo que se padece ante el tema del acoso, el
sufrimiento por un hermano que se droga y el racismo de aquellas personas que
no aceptan a los extranjeros. La recomiendo.
Inmaculada Roco Rosa, alumna de 4º de la
ESO A.
TEXTO A:
“…O sea, por enlazar con lo anterior: que no
creo demasiado en escuelas e institutos. Son indispensables para tenernos
resguardados a los jóvenes, sobre todo para que no andemos sueltos por la
calle, pero poco más. En cuanto tenemos la edad de trabajar o cuando no valemos
para estudiar, se desea que trabajemos como aprendices o de lo que sea a cambio
de un sueldo mínimo…”
TEXTO B:

TEXTOS
C:
“… Durante meses, a una
chiquita argelina la llamaron negra. A una niña vietnamita adoptada le hacían
burla y la llamaban china. Tres o cuatro sudamericanos eran conocidos como los
sudacas. Hay gente que se entretiene colocando motes y les resulta gracioso,
por ejemplo, llamar polaca a una muchacha con acento catalán. Si la víctima
calla y asume las reglas de los fuertes, estos se acaban cansando. Sin embargo,
si se resiste, si protesta, si reclama sus derechos, a un epíteto se suma otro.
Un ecuatoriano sumiso es solo un ecuata, pero si se resiste es un cerdo ecuata.
Mi hermano era un drogata. Un sucio drogata…”
“… Los inmigrantes quitan trabajo a la gente.
Fíjate, hay millón y medio de parados y otros tantos son extranjeros. Si no fuera
por ellos…no debían dejar pasar a nadie, sobre todo si no tiene dinero…Debían
exigir en la frontera que todo el que venga tenga un fajo de billetes…Si son
pobres, es que vienen a quedarse….en Madrid no hay quien salga a la calle
después de la once, porque te atracan…Fíjate lo que ocurrió en Murcia…Había que
echarlos…”
TEXTO D:
“…Cuando todo el mundo estaba montado, Luis y
yo subíamos al tren. Él lo conducía y yo era su ayudante…Él aceleraba más y más
la máquina y yo le decía: “Nos corras
tanto. Papá y mamá se van a enterar y nos van a castigar”. Pero él
aceleraba cada vez más, y se saltaba los semáforos pintados en palos de helado.
Yo le gritaba: “Para, para…”, y él no
me hacía caso…”No te preocupes”, me
decía. Pero yo sabía que el tren acabaría descarrilando y además me daba cuenta
de que cuando me monté en el tren ya sabía que Luis lo iba a descarrilar. Lo
que más me preocupaba en el sueño, lo que me hacía sufrir, no era que el tren
se estrellase, sino el hecho de que lo sabía y no lo había impedido. Estaba
aterrorizado porque pensaba que el culpable del accidente iba a ser yo. Y me
decía: todo el mundo va a morir, incluyendo mi hermano, pero cuando vuelva a
casa me van a echar la bronca a mí, me van a hacer responsable del desastre…”
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